“Silvio (y los otros)”: Los excesos del poder

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Paolo Sorrentino, el gran director detrás de “La gran belleza”, “La juventud” o “The Young Pope” (entre muchas otras), vuelve a la carga con un biopic poco habitual que pretende retratar al controvertido ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi. Hoy toca hablar de “Silvio (y los otros)”.

“Silvio (y los otros)” (2018) – Vista el 09/01/2019

Título original: “Loro: International Cut” (150 min.)

Director: Paolo Sorrentino

Guion: Paolo Sorrentino y Umberto Contarello

Reparto principal: Toni Servillo, Elena Sofia Ricci, Riccardo Scamarcio y Kasia Smutniak

Género: Biográfico, Drama

¿De qué va? (Sin Spoilers)

Sergio Morra es un hombre de negocios de provincia que pretende dar el salto a escala internacional. Para hacerlo pretende acercarse a un Silvio Berlusconi que se encuentra en horas bajas por unas acusaciones de corrupción y unas conexiones con la mafia italiana que lo han dejado apartado del panorama político.

Fiestas, más fiestas y algo de política

Silvio Berlusconi es un político y empresario italiano al que le ha perseguido la polémica a lo largo de su vida. Sus salidas de tono en sus discursos y sus fiestas con prostitutas han marcado la vida de un hombre que genera amores y odios por igual. Y eso es lo sorprendente del personaje. Abiertamente machista, con acusaciones en firme por corrupción y con conexiones con la mafia, resulta incomprensible que sea un personaje querido en Italia por una gran mayoría. Pero es así. Fruto de la fascinación que despierta y para mostrar al mundo algo más que lo reconocible y evidente, Paolo Sorrentino ha decidido realizar una película sobre el ex primer ministro italiano.

Sergio Morra es un joven empresario de Taranto que basa su éxito en sobornar a políticos locales y consigue licencias huyendo de los procedimientos habituales. Tiene una relación con Tamara, una joven madre que tiene tan pocos escrúpulos como él y que le ayuda en su camino hacia el éxito. Taranto se les queda pequeña rápidamente, así que deciden ir a Roma para escalar posiciones acercándose al mismísimo Silvio Berlusconi. El plan es reclutar un plantel enorme de jóvenes atractivas e interesantes, alquilar la villa de la Cerdeña que delimita con la residencia de verano de Berlusconi y organizar fiestas diarias para llamar su atención y así poder contactar con él. El problema es que Berlusconi está pasando por un momento difícil: tiene una crisis matrimonial con su esposa Verónica, sus negocios están gestionados por sus hijos y está apartado de la vida política acusado de corrupción y de contactos con la mafia italiana. Berlusconi se aburre y comienza a sentirse innecesario.

“Silvio (y los otros)” es la versión internacional que une en una única obra las dos películas de Paolo Sorrentino: “Loro 1” y “Loro 2”. Esa unión hace que a nuestras pantallas haya llegado un film sesgado, en el que desaparecen 54 minutos de metraje. Sorrentino divide la película en dos tramas y dos personajes protagonistas: una primera centrada en Sergio Morra, un joven que pretende escalar posiciones en la política a cualquier precio y que se obsesiona con conocer a Silvio Berlusconi, y una segunda parte centrada en el propio Berlusconi, sus inseguridades, su carácter y obsesiones. El papel de la mujer en el film resulta sexualizado al máximo y siempre sometido a las voluntades de unos líderes de sociedad (sean grandes empresarios o altos cargos políticos) que las utilizan para sus placeres personales, y ellas, a su vez, se aprovechan de ese deseo para satisfacer sus necesidades económicas y de escalada social. Una hipersexualización que parece mostrar directamente los pensamientos de Berlusconi y de los altos cargos italianos sobre las mujeres que los rodean. Fiestas constantes con mujeres desnudas, grabaciones a cámara lenta y un estilo videoclip utilizado a lo largo de la película que acaba por aborrecerse y que resulta una extraña mezcla de “El lobo de Wall Street” y “Spring Breakers”.

Pero no hay que perder la esperanza. Pasado un tercio de película, la obra despunta con la aparición de Toni Servillo interpretando magníficamente a Silvio Berlusconi y mostrando los entresijos de este peculiar personaje. Un Silvio desterrado en su villa veraniega en la que tiene demasiado tiempo para reflexionar, siendo precisamente un personaje que habitualmente se deja llevar por las emociones y huye de la reflexión más profunda. El film muestra algún atisbo del poderío visual de Sorrentino, pero queda lejos de obras con más carácter y fuerza como “La gran belleza” o “La juventud”. Su estilo recuerda más a “Il divo” pero alejándose de la cantidad ingente de información sobre sociedad y política que mostraba en aquél film. “Silvio (y los otros)” resulta mucho más vacía, más alejada de la política, eligiendo poner el foco en los dos personajes protagonistas y su entorno como muestra de la clase política actual. Dos personajes que lucharán por conseguir sus objetivos sin mostrar escrúpulo alguno al hacerlo, uno intentando abrirse paso en la política, y otro, dando los que parecen ser sus últimos pasos en ésta.

Por extraño que parezca, donde la película alcanza sus mayores éxitos es en los momentos filmados de forma cercana, sin grandes aspavientos y en los que los enfrentamientos o diálogos entre personajes tienen el protagonismo, algo que parece chocar con la propia esencia de su director. Tres momentos que realzan la película y consiguen sacarnos del exceso de cámaras lentas y fiestas desbocadas que aportan más bien poco a la trama: Berlusconi vendiendo una casa por teléfono a una desconocida, Berlusconi siendo rechazado por una joven que pretende ser actriz y Berlusconi poniendo en duda su matrimonio con su esposa Verónica. Berlusconi tres veces. Él es y a de ser el absoluto protagonista de la obra, y resulta una decisión chocante del film cuando vemos que en su inicio el protagonismo recae en el personaje de Sergio Morra, para una trama que acaba en ningún lugar. Es comprensible la metáfora sobre las pretensiones de muchos jóvenes que quieren acceder a la política rápidamente y que acaban en nada, pero eso unido a la gran cantidad de momentos de fiestas en cámara lenta, hacen que el metraje resulte excesivo innecesariamente.

Una obra que probablemente haya sido acogida con más éxito en Italia donde el personaje al que se retrata despierta pasiones, pero que fuera de sus fronteras resulta demasiado reiterativa con el uso de las cámaras lentas y la música, no consigue provocar el choque visual habitual de su director y contiene una historia con pocos momentos destacables, lejos de la lucidez habitual de su director.

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Resumiendo que es gerundio

“Silvio (y los otros)” es un particular biopic sobre Silvio Berlusconi realizado por el director italiano Paolo Sorrentino. El film divide su protagonismo entre Sergio Morra, un joven empresario que pretende alcanzar el éxito acercándose a Silvio Berlusconi a través de la organización de grandes fiestas, y el propio Berlusconi, en un momento en que está apartado de la política y sufre una profunda crisis matrimonial. Momentos puntuales de brillantez en su guion (pocos), una gran actuación de Toni Servillo (una más) y un tratamiento visual alejado del portento al que nos tiene habituados su director. Cámara lenta y música para enfatizar la sexualización de la mujer y mostrar la mente de Berlusconi, que resulta una aproximación excesiva al videoclip en demasiados momentos y un protagonismo del personaje de Sergio para una trama que en ningún momento acaba de eclosionar. En definitiva, una película alejada de las grandes obras a las que nos tiene acostumbrados el director italiano pero que igualmente, deja algunos fogonazos de la brillantez de su cine.

Lo mejor: Toni Servillo vuelve a ofrecer una convincente actuación interpretando a esta caricatura de Berlusconi. Los momentos más íntimos y próximos que ganan peso dramático respecto a las imágenes grandilocuentes. Berlusconi vendiendo un piso por teléfono a una señora desconocida (toda una metáfora del personaje y del perfil de sus votantes).

Lo peor: a nuestras pantallas ha llegado una versión reducida de la obra de Sorrentino. La obra original se divide en dos películas estrenadas únicamente en Italia, fuera de sus fronteras se han mezclado para estrenarse en una única obra haciendo que se pierdan muchos minutos de metraje y que se aleje del resultado buscado por su autor. Únicamente algún atisbo de su poderío visual. Exceso de imágenes estilo videoclip. La trama de Sergio Morra se alarga y aporta poco a la trama principal.

Te gustará si… eres un apasionado de Sorrentino pero no esperas una película con el tratamiento visual de obras pasadas, te interesa mínimamente el personaje o te interesan los videoclips dentro de películas.

La odiarás si… vas esperando una “Gran belleza” protagonizada por Berlusconi o buscas  potentes imágenes que se graven en tu mente.

Me gustó igual o menos que: Il divo

Me gustó menos que: El lobo de Wall Street

Nota: 6/10

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