“Toni Erdmann”: El absurdo del éxito en el siglo XXI

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Las carteleras de cine no suelen dar mucho espacio al cine alemán. En ésta ocasión pero, la película ha llegado a salas comerciales de forma masiva gracias a la gran cantidad de premios conseguidos en numerosos festivales, culminando con la nominación al Oscar a mejor película de habla no inglesa. Hoy toca hablar de “Toni Erdmann”.

“Toni Erdmann” (2016) – Vista el 26/01/2017

Título original: “Toni Erdmann” (162 min.)

Director: Maren Ade

Guion: Maren Ade

Reparto principal: Peter Simonischek, Sandra Hüller, Lucy Russell y Trystan Pütter

Género: Comedia, Drama, Independiente

¿De qué va? (Sin Spoilers)

Winfried es el padre de Inés, una consultora de grandes empresas que ahora vive en Bucarest y con la que cada vez tiene menos vínculo. La fiesta de cumpleaños de Inés, anticipada a su fecha real, por culpa de los negocios, hace ver a Winfried que su hija tiene problemas para afrontar su día a día. Decide que un personaje imaginario creado por el mismo le vaya a hacer una visita: Toni Erdmann.

Cine alemán: reivindicación política y social

Por lo general, el cine alemán suele ser de mi agrado. Des de cine clásico cómo “Metrópolis”, “El gabinete del Doctor Caligari” o “M, el vampiro de Düsseldorf” a películas contemporáneas como “La Ola”, “La vida de los otros” o “Good Bye, Lenin!”. En la mayoría de ellas, juega un papel muy importante la situación política y social del momento, tanto en la ficción representada como en el momento de filmar la película. Y eso sin entrar en el cine bélico dónde la segunda guerra mundial es (lógicamente) omnipresente: “Das Boot” (o “El submarino”), “El hundimiento” o “Stalingrado” son claros ejemplos.

Maren Ade, la directora de “Toni Erdmann”, ya ha dejado entrever que le gusta profundizar en las problemáticas que se apoderan de la sociedad actual. En “Los árboles no dejan ver el bosque” trata de los problemas de una profesora rural para adaptarse a un nuevo instituto que se le ha asignado en la ciudad, y en la posterior “Entre nosotros”, pone foco en una relación de pareja que sólo consigue ser auténtica en sus momentos de más absoluta intimidad. Por las críticas leídas (las películas no las he visto): cine de autor, áspero, pero muy fiel a la realidad a la que hace referencia y con crítica social en su interior.

El precio del éxito y el desmembramiento familiar

He de reconocer que las expectativas sobre “Toni Erdmann” eran muy altas. Llevan tiempo hablando maravillas de la película. Incluso al entrar a la sala de cine nos han dado unos panfletos para presentar el film dónde se anunciaba como “la mejor película del año” y dónde aparecía el listado de todos los premios y nominaciones conseguidos: Oscar, Globos de Oro, BAFTA, César, FIPRESCI, Critics Choice Awards… y el listado sigue. El problema de cuando te generan expectativas tan altas es que el nivel de exigencia también sube, y es más difícil salir convencido de lo visto. Éste fue el caso.

En la película se nos muestra a lo largo de un extenso y pausado metraje (casi tres horas de duración) la vida de Inés, una consultora de éxito para grandes empresas. Inés está trabajando en Bucarest, lejos de su familia. Su trabajo es exigente pero le permite relacionarse con las altas cotas de la sociedad, con los que disfruta de copas y cenas en restaurantes y bares de lujo. Pero todo ese éxito es un artificio. Esa exigencia por promocionarse laboralmente y superar retos, le aporta únicamente estrés y maltratar a sus próximos. Esas cenas y copas en restaurantes y bares de lujo, se toman en lugares rodeados de pobreza. Esas relaciones con la alta escala de la sociedad, son en realidad relaciones superficiales y falsas, que nacen del interés y dónde no tienen cabida el respeto ni la sinceridad. Ese éxito que se nos vende (y que aceptamos) en la sociedad consumista actual, lleva a Inés por el camino de la infelicidad.

Ahí aparece el padre de Inés: Winfried. Un personaje sencillo, que disfruta de la vida y consigue a través del humor absurdo reírse de todo. Tomarse la vida menos en serio es su forma de vida (valga la redundancia). En una fiesta de cumpleaños, ve como su hija muestra una máscara de éxito que no es real. Ese y otro suceso (que no destriparé), harán que se plantee ir a ver a su hija a Bucarest y desatar su visión absurda del mundo a través de un personaje ficticio inventado por él: Toni Erdmann (aficionado a las bolsas de pedorretas y a los dientes gigantes).

¿Interesante verdad? Pues sí y no. La película trata de forma bastante fiel a la realidad la crisis de valores que existe en la sociedad actual, contemplando los problemas más habituales: éxito empresarial y laboral cómo única vía de alcance a la felicidad, dejar atrás determinados vínculos afectivos para alcanzar el éxito, el abandono de las necesidades propias del individuo, el sexo como herramienta más que como disfrute propio y con otros… los temas tratados son interesantes y son tratados con sutilidad, pero no con ligereza.

Lo que no me acaba de convencer es como se ha hablado a nivel público de “Toni Erdmann” y que probablemente sea lo que ha provocado que finalmente no me acabe de gustar del todo la película. Iba convencido de ver una comedia. Comedia alemana sí, pero comedia. Puedo asegurar que en las casi tres horas que dura la película, escuche reírse en la sala sólo un par de veces (en las que me incluyo). Soy de risa fácil, pero “Toni Erdmann” no me ha hecho reírme.  Los momentos de excentricidad y de absurdo, consigue más que hacernos reír, parodiar muchos de los esquemas de comportamiento aceptados socialmente. Incomodar incluso. Pero hacer reír, no. Eso sumado a un metraje que se toma su tiempo para profundizar en los temas comentados anteriormente, hacen que la película se torne bastante pesada en su parte central. Suerte que al final del metraje, llega el cumpleaños de Inés y se celebra una fiesta en Bucarest que es imposible que deje indiferente al espectador.

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Resumiendo que es gerundio

Las etiquetas de “mejor película del año” y todas las imágenes de premios en el cartel de la cartelera del cine, muchas veces no ayudan. Seguro que facilitará que más espectadores se acerquen a las salas y quizá para que tenga más repercusión de la que podría tener inicialmente, pero por el contrario, el nivel de exigencia aumenta. Eso me sucedió al ver la película. En realidad, es una buena muestra de las dolencias de la sociedad consumista actual, donde el precio del “éxito” aceptado socialmente implica una exigencia a nivel laboral y una aceptación de premisas por las que probablemente no pasaríamos. Me explico: la protagonista es una ejecutiva de éxito que bajo su fachada es muy infeliz. Su padre se da cuenta de ello y mediante su intervención y su uso del absurdo (es todo un personaje) pretende que ella se dé cuenta de lo que realmente se ha de valorar en la vida (la familia, el ser feliz con uno mismo, el no tomarse las cosas tan en serio…). Un mensaje mil veces visto en el cine pero trabajado aquí con especial profundidad aunque su tono sea ligero en apariencia. El principal problema es que se ha vendido la película como una comedia, y quizá en Alemania se tronchen en las salas después de verla. Pero aquí, no acaba de funcionar. Un drama con algún toque absurdo, demasiado extenso en su metraje, con buenas actuaciones de los personajes protagonistas y algún momento surrealista que vale la pena. No es para tanto.

Lo mejor: algunos momentos absurdos, el personaje del padre, y sin duda, el cumpleaños de Inés celebrado en su piso de Bucarest, de principio al fin

Lo peor: llevarse un desengaño al esperar más una comedia que el drama con pinceladas de absurdo que propone la película

Te gustará si… te gusta el cine europeo en general o con trasfondo social, en éste caso centrado en hablar de los problemas de la sociedad alemana del siglo XXI (aunque fácilmente extrapolable a otros lugares)

La odiarás si… vas con el lastre de las etiquetas de “comedia” y “mejor película del año”

Me gustó más o igual que: Los edukadores

Me gustó menos que: La ola

Nota: 6’5/10

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