Sesión continua: “El vicio del poder” y “Border”

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Durante el mes de enero coinciden en cartelera muchos estrenos con premios, nominaciones y acumulación de buenas críticas. Esta semana me he decidido por dos películas, un biopic sobre un manipulador político americano y una fábula sueca que explica una historia de aceptación y rechazo. En la sesión continua de hoy toca hablar de “El vicio del poder” y “Border”.

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“El vicio del poder”: El marketing del mal

Título original: “Vice” (132 min.)

Año: 2018

Director: Adam McKay

Guion: Adam McKay

Reparto principal: Christian Bale, Amy Adams, Steve Carell y Sam Rockwell

Género: Biográfico, Comedia, Drama

Sinopsis: Dick Cheney es un hombre callado y fuerte que trabaja de mano de obra y tiene problemas con el alcohol. Gracias a su mujer consigue dejar la bebida y comenzar una carrera de fondo que le lleva a la vicepresidencia de los EEUU durante el mandato de George W. Bush. En esa posición, abusa de su poder tomando decisiones que tendrán repercusiones a nivel mundial.

Opinión: Adam McKay es el autor detrás de “El vicio del poder”. En su trayectoria fue uno de los guionistas principales del programa “Saturday Night Live”, siendo posteriormente director y guionista junto a Will Ferrell de comedias facilonas sin demasiada trascendencia. El bombazo lo dio en 2015 cuando apoyado en la producción por Brad Pitt, consiguió dirigir y escribir “La gran apuesta”. Una obra centrada en arrojar luz a la crisis económica mundial vivida entre 2007 y 2010 (y que sigue dando coletazos a día de hoy), con mucha acidez y un ritmo de montaje trepidante, ganando el Óscar al mejor guion adaptado y consiguiendo premios y nominaciones por doquier. Después de la crisis económica y financiera, McKay se ha centrado en hablar sobre una de las figuras más desconocidas para el gran público (entre el que me incluyo) y cuyas decisiones han desembocado en muchos de los problemas que vivimos en la actualidad.

Nacido en Nebraska y criado en Wyoming, Dick Cheney es un hombre que trabaja instalando postes eléctricos. Es un trabajo duro y peligroso. Tubo la oportunidad de  estudiar en la universidad, pero la desperdició a base de juergas. Después de cada jornada, se va a beber al bar del pueblo, tiene alguna pelea y vuelve conduciendo borracho a casa. Eso le ha supuesto problemas con la justicia. Su esposa Lynne, cansada de ver como desperdicia su potencial, le lanza un ultimátum: o cambia, o le deja. A partir de ese momento Dick se centra en dejar la bebida y en emprender una carrera política que le lleva hasta la mismísima Casablanca. Allí se convierte en ayudante de Donald Rumsfeld, lo que le permite ir escalando posiciones hasta conseguir su propio despacho. A partir de aquí, se inicia una carrera política que no tendrá parón hasta que por motivos personales decide abandonarla y vincularse al mundo empresarial del petroleo, hasta de nuevo volver a ser reclamado por George W. Bush. El cargo de vicepresidente siempre ha sido simbólico, pero en las manos de Dick Cheney cobrará un nuevo sentido, convirtiéndose en una de las personas más poderosas del mundo, tomando decisiones sobre el uso de energía, los impuestos, el terrorismo, el ejército y los medios de comunicación, tan trascendentes que todavía tienen repercusión a día de hoy.

“El vicio del poder” es un biopic que gira entorno a Dick Cheney, su mujer Lynne y todos los cargos políticos con los que trabajó a lo largo de su carrera (Donald Rumsfeld, George W. Bush, Colin Powell…). Todos recreados con un trabajo de maquillaje excelente, y en el caso de Dick Cheney, sumándole un nuevo gran cambio físico por parte de Christian Bale. Una vez más, después de recrear al musculoso Batman de Nolan, al hermano toxicómano de “The Fighter”, al esquelético Trevor Reznik de “El maquinista” o al orondo Irving Rosenfeld de “La gran estafa americana” (por poner algunos ejemplos), vuelve a la carga para mimetizarse físicamente con el ex vicepresidente americano. Una actuación que brilla a gran nivel junto a sus compañeros de reparto Steve Carrell (interpretando al faltoso Rumsfeld) y Sam Rockwell (haciendo de un bobalicón Bush), todos superados por una Amy Adams en estado de gracia. La fuerza y tesón que transmite a recreando a Lynne Cheney, la esposa de Dick, hacen que consiga una actuación que ensombrece al resto del excelente elenco y que le ha supuesto la nominación a los premios Óscar.

Aparte del elenco y su espléndida recreación de los diferentes personajes que intervienen en la historia, “El vicio del poder” juega al mismo juego que la anterior (y superior) obra de McKay, “La gran apuesta”. Ritmo trepidante de montaje y narración, una cantidad desorbitada de información, voz en off que va guiando por ese colapso de indagaciones y un tono que mezcla con acierto las intenciones de poner luz a unos sucesos que la mayoría conocemos vagamente, humor ácido y crítica absoluta ante todo lo sucedido. En este biopic de Dick Cheney el montaje resulta desigual en su ritmo y ciertas decisiones narrativas en la presentación de los hechos resultan más un alarde o una floritura que un recurso utilizado justificadamente. Dentro de este último punto entraría el uso de un narrador que conecta con la historia de una forma demasiado artificial y forzosa. La película nos cuenta una historia de un hombre terrible que tomó decisiones crueles que siguen vigentes en la actualidad, pretendiendo provocar indignación entre los espectadores. Y lo consigue. Pero también consigue dejarnos extenuados y con un sabor agridulce en la boca.

Lo mejor: la perfecta recreación de los diferentes personajes implicados. Las actuaciones de su elenco, destacando especialmente Amy Adams como Lynne Cheney. La mezcla de crítica, pedagogía y humor. La escena final antes de los créditos. La indignación que provoca.

Lo peor: el exceso de información constante puede llegar a ser agotador. Se alcanza el último tercio de la película extenuado, siendo justo la parte más indignante del film. El personaje del narrador está cogido con pinzas en la historia.

Nota: 7/10

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“Border”: La búsqueda de identidad

Título original: “Gräns” (101 min.)

Año: 2018

Director: Ali Abbasi

Guion: Ali Abbasi, Isabella Eklöf y John Ajvide Lindqvist

Reparto principal: Eva Melander, Eero Milonoff, Viktor Åkerblom y Joakim Olsson

Género: Drama, Fantasía

Sinopsis: Tina es un agente de aduanas capaz de detectar el contrabando simplemente utilizando su olfato. Su vida sigue una metódica rutina hasta que aparece un hombre que oculta algo y pone sus habilidades a prueba.

Opinión: John Ajvide Lindqvist es un escritor sueco de novelas fantásticas y de terror. Su primera novela “Låt den rätte komma in” (traducida como “Déjame entrar”) gozó de un gran éxito, especialmente por su adaptación cinematográfica que tubo incluso su propio remake americano. En esa historia un joven de 12 años llamado Oskar, es acosado duramente por sus compañeros de clase día tras día. Todo cambia cuando entra en su vida una joven llamada Eli, un personaje inquietante que resulta ser un vampiro. A través de su relación de amor y amistad, Oskar consigue empoderarse y hacer frente a muchos de los miedos a los que no gozaba enfrentarse. Discriminación, acoso en las aulas, miedo a lo diferente, amor por lo extraño, abuso de menores… Temas complejos tratados de forma brillante en una gran novela y película que se muestran críticas con una sociedad tan idolatrada como la sueca. Después de tantos años, John Ajvide Lindqvist vuelve a ser adaptado al cine con una película fantástica que ocultar de nuevo muchos temas en su interior: “Border”.

Tina trabaja en Suecia como agente de aduanas para controlar el acceso de los pasajeros que llegan en barco al país. Utilizando el olfato es capaz de detectar cualquier infracción que vaya a cometer una persona. Su poder es tal que consigue detectar emociones como la vergüenza, la rabia, el arrepentimiento e incluso la culpa. Vive con su pareja en una casa aislada en el bosque y allí siente una conexión especial con la fauna y la naturaleza que la rodea. Es la mejor en su trabajo y nunca falla, hasta que un día aparece un hombre que le provoca una extraña sensación. Sabe que oculta un gran secreto y siente hacia él una mezcla de atracción e intriga. Con las revelaciones que le hará ese hombre, Tina verá removida toda su realidad, replanteándose su identidad y todos sus principios.

“Border” es la segunda película de Ali Abbasi después de la prácticamente desconocida “Shelley”. En este nuevo proyecto el director ha querido adaptar un relato de John Ajvide Lindqvist y para hacerlo se han puesto manos a la obra con el guion el propio director, el escritor de la novela e Isabella Eklöf (directora y guionista de “Holiday”, una de las obras más chocantes de 2018, estrenada en España por Filmin durante el “Atlantida Film Fest”). Contar con el propio escritor ya fue un acierto en “Déjame entrar” y saber que “Border” había ganado el premio a mejor película en la categoría “Un Certain Regard” del Festival de Cannes solo hacia sentir buenos presagios hacia la película. Y así ha sido. Esta fábula sueca que protagoniza una Eva Melander oculta entre maquillaje y prótesis, consigue transmitir gran sensibilidad y hablar de temas complejos a través de una historia de fantasía tratada con severo realismo. La cámara siempre se siente próxima al personaje de Tina, una mujer poco agraciada físicamente que sin embargo es poseedora de un don que le permite detectar el mal que existe en las personas. Es ideal para trabajar en una aduana, pero al poco tiempo su habilidad es reclamada para utilizarse en la lucha de crímenes mucho peores que el contrabando. Como ya sucedía en “Déjame entrar”, la pedofilia vuelve a aparecer en el trasfondo de la película, aunque con una trama que tiene bastante más peso que en la historia de Oskar y Eli.

Pero en “Border” existe un tema central  que sobresale entre todas las capas que forman el film: la identidad. El motor de la historia es esa búsqueda de identidad y se utiliza para hablar del aislamiento, la aceptación entre un grupo de iguales, el rechazo a lo que supone pertenecer a ese grupo, la incertidumbre de no conocer tu historia personal, de sentirte rechazado, el (re)descubrimiento de la sexualidad… Cuando entre en acción el personaje que trastoca la realidad de Tina, todo en la obra cobra sentido. Los extraños sucesos y los interrogantes que se van formando conforme avanza la historia, se responden y nos golpean en la mente con fuerza. A partir de aquí la película pierde cierto fuelle aunque se guarda algunos giros de guion (sorprendentes algunos, otros bastante evidentes) que nos llevarán en volandas hasta su cierre con un gran dilema moral: ¿es mejor aceptar lo que somos o seguir el camino hacia el que se nos ha educado? La respuesta se la deja (muy acertadamente) al espectador.

Lo mejor: el tono de extraña fábula que acompaña a todo el metraje. El trato de temas tan complejos como la búsqueda de identidad, la aceptación de uno mismo, la sexualidad cuando eres diferente… Una de las escenas de sexo más desagradables (y extrañamente fascinante) que he visto nunca. La actuación de Eva Melander mostrando la hipersinsibilidad de Tina.

Lo peor: la trama sobre la red de pedófilos es del todo consistente y tiene demasiado peso en la historia. La sorpresa principal es detectable siendo un poco abierto de mente y próximo al fantástico. Que su propuesta pueda espantar al público general y pase prácticamente desapercibida por nuestras salas.

Nota: 8/10

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Me quedo con…

“Border”. La nueva adaptación de un relato de John Ajvide Lindqvist vuelve a dejar buenas sensaciones como ya lo hizo en su día la gran película “Déjame entrar”. Una fábula sueca sobre la identidad y la sexualidad que resulta bastante superior al biopic sobre Dick Cheney. “El vicio del poder” es una película que cuenta una realidad política que hará enfadar a la mayoría de la gente (al menos eso espero), pero resulta excesiva en su ingente cantidad de información al espectador y utiliza una fórmula que funcionaba mejor en “La gran apuesta”, anterior obra del director. Sin duda, me quedo con “Border”.

2 comentarios en “Sesión continua: “El vicio del poder” y “Border”

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