La Crónica: Runners, fantasmas errantes y secretos de familia (Indie and Doc Fest Cine Coreano 2020)

Corea del Sur está de moda. El fenómeno generado por Parásitos ha hecho crecer el interés por el cine y la cultura del país, al que también han contribuido fenómenos musicales como el Gangnam Style, el K-pop, la gastronomía y su potente industria de moda y estética. Una Corea con el atractivo del mundo asiático fácilmente idealizada y de la que no conocemos demasiado. Para acercar más la cultura del país a través del cine, el Centro Cultural Coreano ha organizado un festival en el que conoceremos más de cerca otras facetas de Corea. En la crónica de hoy: fantasmas errantes, amistades profundas y el capitalismo feroz (Indie and Doc Fest Cine Coreano 2020).

Indie & Doc Fest Cine Coreano 2020

El Indie & Doc Fest Cine Coreano celebra su tercera edición del 11 al 21 de junio en un formato online a través de Filmin (como hicieron recientemente el D’A Film Festival Barcelona y el Docs Barcelona). El festival organizado por el Centro Cultural Coreano y el Festival de Cine Independiente de Seúl en el que colaboran ECAM, la revista especializada Caimán Cuadernos de cine, Casa Asia y Cine Asia, tiene como objetivo acercar las nuevas corrientes del cine y la cultura del país desde la perspectiva de nuevas directoras coreanas.

A continuación ofrezco una selección de reseñas de los 6 largometrajes que he podido disfrutar en el festival.

A Corner Shop (2018)

de Lee Suk-Gyeong

Picnic Cat es una empresa social que hace entrega de comidas en recipientes y que acoge entre sus empleados a jóvenes que han abandonado los estudios. El documental sigue la evolución del negocio durante cinco años.

Es conocido por todo el mundo que a las personas que inician su periplo en el mundillo de la escritura se les aconseja que hablen de su entorno, de lo que más conocen, de sus experiencias y las experiencias de sus allegados. Las historias han de respirar veracidad y aunque se traten de temas muy localizados en una zona, cultura y momento determinados, los valores que transpiran de ellas fácilmente se vuelven universales. De lo focalizado a lo global, lo micro se convierte en macro. Esa premisa es abrazada por el documental A Corner Shop de Lee Suk-Gyung, quien se fijó durante cinco años en Picnic Cat, el pequeño negocio social de entrega de comida que estaba ubicado en su barrio. Un servicio de comida a domicilio dirigido por una mujer con conciencia social que apuesta por contratar a jóvenes con problemas en los estudios, para darles una segunda oportunidad enseñándoles un oficio y convirtiéndolos en responsables de su trabajo. El documental opta por introducir la cámara en el pequeño negocio y retratar de forma cercana e intimista el día a día de esos jóvenes, las bromas, las discusiones, los momentos de complicidad, las frustraciones y los sueños de futuro. Durante esos cinco años se suceden los momentos de prosperidad y los de crisis económica, las despedidas y las llegadas de jóvenes al negocio, y por encima de todo, como afecta la realidad de la situación de la empresa a las relaciones humanas. Hasta la más humilde de las empresas, con unos fuertes principios sociales, una apuesta por la proximidad y las segundas oportunidades para la gente joven, puede verse afectada por los males del capitalismo. La avaricia rompe el saco.

Ghost Walk (2018)

de Eun-jeong Yu

Hye-jeong es una joven que trabaja en una fábrica y no tiene expectativas ni sueños. Un día descubre que se ha convertido en fantasma y que puede viajar atrás en el tiempo.

Tras la polémica generada por la aplaudida y abucheada A Ghost Story, un film que juega con los cánones del formato y del tiempo para reforzar su mensaje (causando desesperación entre sus detractores), llega Ghost Walk, una propuesta dirigida y escrita por la cineasta Yu Eun-jeong que va en la línea de la película mencionada. De nuevo los fantasmas tienen el protagonismo en este film indie que modifica el paso del tiempo para narrar su historia y dejar algunas reflexiones por el camino. La trama se desarrolla durante el Chuseok, un período de vacaciones en Corea del sur en el que las familias se reúnen para honrar a sus antepasados y familiares fallecidos. La protagonista es una joven apática que sirve de analogía al desencanto que pueden sentir muchas personas jóvenes coreanas, que viven para el trabajo y no tienen otro objetivo en la vida. La protagonista fallece en extrañas circunstancias y aparece de nuevo en forma de fantasma. Un fantasma que se mueve hacia atrás en el tiempo con el objetivo de entender su muerte, aunque también servirá para darle un sentido a su infeliz existencia, cargada de aislamiento y soledad. Pese a tratarse de una historia de fantasmas con asesinatos de por medio, la película se decanta de forma más natural hacia el drama que hacia el terror. Los momentos de rareza, los saltos temporales y la incógnita de resolver el misterio son los puntos fuertes de un film que decae por su ritmo pausado y por un enmarañamiento innecesario de la trama en su recta final. Una modesta propuesta que deja atisbar algunas buenas ideas a lo largo de su metraje pero que no acaba de desarrollar su potencial.

Our Body (2018)

de Han Ka-ram

Ja-Young es una mujer de 31 años que está desencantada después de muchos años estudiando para unas oposiciones a funcionariado público. Una tarde paseando por un parque se cruza con una corredora. Ese encuentro fortuito cambiará su vida por completo.

La presión por cumplir las expectativas sociales (tener el mejor de los empleos, ser una persona de éxito, tener pareja, formar una familia …) hace que muchas personas se vean asfixiadas y dirigidas hacia decisiones que las hacen infelices. En un país como Corea del sur, ese éxito es algo que se exige a todos los niveles y viene impuesto desde una edad bien temprana, especialmente a las mujeres, teniendo que ser atractivas, profesionales referenciadas y con un límite de edad muy marcado para casarse y tener hijos. La protagonista de Our Body está precisamente en esa tesitura. Tiene 31 años y lleva 8 preparando un proceso de oposiciones que le permitirá ser funcionaria del estado, pero la depresión y la ansiedad se apoderan de ella. ¿Hasta qué punto ha decidido que lo mejor para su futuro es conseguir esa plaza? ¿Realmente quiere seguir estudiando para optar a ese empleo? Entonces, ¿por qué se siente tan apática e infeliz? Esa reflexión se cruza en su camino el día que descubre la energía y felicidad que transmite una corredora que se cruza con ella en el parque. El simple hecho de correr le hace sentirse feliz, la completa como persona. Su vida da un vuelco cuando decide abandonar las oposiciones, buscar un trabajo como eventual y dedicar todo su tiempo a correr. Su entorno la presiona para que siga los cánones establecidos, pero ella muestra un cambio físico y en su estado de ánimo que la empujan a seguir por ese camino. Ese enfrentamiento entre lo que la sociedad nos exige y la búsqueda de una identidad que nos defina y nos haga felices como individuos es el principal tema que trata el film. Una pequeña historia filmada de forma íntima en el que el lema de “Mens sana in corpore sano” rige una historia enmarcada en una ciudad de Seúl obsesionada con el estatus social, la edad y el trabajo.

A Boy and Sungreen (2019)

de Ahn Ju Young

Bo-Hee es un estudiante de 14 años que vive con su madre enviudada. Un día Bo-Hee descubre que su padre sigue vivo, por lo que decide ir en su busca junto a su mejor amiga Nok-Yang.

La culpabilidad y la necesidad de obtener respuestas a preguntas que de base están mal formuladas son sentimientos habituales en personas que han sufrido un abandono. Sentir que alguien se ha marchado por algo que se ha hecho, dicho o por las pequeñas cosas que genera la convivencia, resulta demoledor para el estado anímico de una persona. Si ese abandono es por parte de una persona con la que se unen lazos de sangre, el dolor parece que se acentúa irremediablemente, pero, ¿hemos de vivir acomplejados y obsesionados por el abandono de esa persona? ¿No es mejor enfocar toda esa energía hacia quienes se preocupan por nosotros? ¿Las que siempre han estado a nuestro lado? La familia y la amistad son algo moldeable, pueden variar con el tiempo (de hecho, lo hacen) y hemos de saber apreciarlas en sus cambios a lo largo de la vida. Digna del mejor cine independiente americano que trata temáticas vinculadas a la adolescencia de forma optimista y generando emociones sin ser sentimentalista, llega A Boy and Sungreen, ópera prima dirigida y escrita por la surcoreana Ahn Ju Young. Cargada con la energía de la juventud, plasma de forma excelente esa edad en la que las emociones están a flor de piel y todo se vive con intensidad, mezclando de forma excelente el sentido del humor con el drama y puntuales momentos melodramáticos. La búsqueda de Bo-Hee se torna una profundización en la identidad propia del protagonista, todo enmarcado con un punto de vista lleno de luminosidad y optimismo gracias a unas fotografía, música e interpretaciones que confieren al relato cierto aura de cuento. Una delicia de las que deja una dulce sonrisa sin llegar a empalagar.

The Pregnant Tree and the Goblin (2019)

de Dong-ryung Kim y Kyoung-tae Park

Park In-Sun es una ex trabajadora sexual que vive en una aldea de chabolas cerca de una antigua base militar estadounidense. Después de 40 años, In-Sun se siente triste tras saber que existe un plan para demoler la base militar.

El género fantástico, el terror y la ciencia ficción están habituados a doblegar sus barreras para abordar diversas temáticas e introducir en su relato puntos de vista variados e innovadores. The Pregnant Tree and the Goblin se basa del documental y de la teatralización para recrear una terrible historia sucedida en Corea del Sur, concretamente en la ciudad de Uijungbu, donde gran cantidad de jóvenes eran llevadas para ejercer la prostitución. Los soldados que vivían en la base militar estadounidense eran los clientes que satisfacían sus bajas pasiones con las mujeres que eran llevadas allí. A través del relato de Insoon, una mujer que ejerció la prostitución durante más de 40 años, se va formando una historia en la que ficción y realidad se entremezclan. Lo mismo sucede con el propio formato del documental, el cual pasa de forma natural de mostrar escenas reales de la vida en la aldea a teatralizar historias oníricas de fantasmas que sirven a la protagonista para enfrentarse a sus miedos y acontecimientos pasados. Con una voz en off omnipresente en el film que relata las fábulas fantasmagóricas mientras la imagen se pasea por las calles y los restos de los locales de alterne, los trágicos hechos del pasado quedan difuminados, como sucede en la mente de una Insoon envejecida y maltratada. Una propuesta poco accesible y agotadora en formato y enfoque que probablemente no sea del agrado del que busque conocer los hechos acontecidos al detalle.

Way Back Home (2019)

de Sunjoo Park

Jeong-won es instructora de natación y está felizmente casada con Sang-u, un carpintero que trabaja en el negocio familiar. En plena mudanza a una casa más grande propiedad de la abuela de Sang-u, Jeong-won recibe una llamada de la policía recordándole una trágica agresión del pasado.

La violación es un hecho despreciable que resulta incómodo de abordar públicamente, aunque lamentablemente siempre esté de actualidad. Existe un tabú alrededor de la problemática y eso genera graves consecuencias. Son constantes los casos en los que se perpetúa un abuso sexual y existe un estigma de culpa sobre la persona que ha sufrido el abuso. La víctima puesta en duda, la víctima señalada, la víctima culpabilizada. También cuesta afrontar las secuelas y miedos que puede dejar en la persona, puesto que muchas veces el terrible suceso se enmarca y oculta en el pasado, encerrando con llave lo ocurrido. La persona no se ha de definir como víctima de por vida, pero ha de poder abordar el tema de forma abierta si lo necesita, sin sentirse juzgada, victimizada o culpabilizada. Way Back Home escrita y dirigida por Park Sun-joo se centra de forma realista en las consecuencias presentes de una agresión sexual sucedida diez años atrás. Con un ritmo narrativo pausado y largos planos, la sutil dirección de Park Sun-joo deja espacio al reparto para profundizar en las emociones. Se aleja de las imágenes explícitas y prefiere poner el acento en las consecuencias psicológicas y relacionales que sufre la persona abusada. Pese al tiempo transcurrido, es fácil vislumbrar en el rostro de Woo-yun Han unas heridas emocionales que todavía no han cicatrizado. El tema resulta tremendamente polémico en Corea del sur, optando en la mayoría de casos por no afrontar abiertamente el suceso ni en los círculos más allegados, dejando espacio a la víctima pero omitiendo completamente el hecho.

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