Filmografía básica: Ingmar Bergman

Influencia fundamental en grandes directores del pasado y el presente, se encuentran en su filmografía algunas de las obras más profundas y complejas del la historia del cine. Referente mundial cargado de iconografía propia, ha conseguido que sus obsesiones personales y universales florezcan en cada una de sus películas e impregnen el cine de todo un país. En la Filmografía básica de hoy: Ingmar Bergman.

Fresas salvajes (1957)

El profesor Isak Borg ha de dirigirse a la ciudad de Lund para ser investido doctor honoris causa en la Universidad. Tras una pesadilla, el profesor decide realizar el viaje en coche junto a su nuera, mientras sueña despiertos entre sus recuerdos.

Fresas salvajes de Ingmar Bergman es una de las obras más nostálgicas y accesibles del director. Un tributo a la tercera edad, a la nostalgia por los tiempos pasados, a la energía de la juventud y al propio autoconocimiento que ofrece la experiencia, mostrado a través de las 24 horas que dura el viaje del profesor de Estocolmo a la Universidad de Lund. Una vida concentrada en un día, viaje de introspección en el que Isak Borg revive grandes recuerdos de infancia y juventud, momentos que han marcado su vida y las vidas de las personas que se han cruzado en su camino. Un viaje en el que se genera proximidad y conexión con auténticos desconocidos con los que se cruza durante el camino, y en el que descubre la distancia emocional existente con familiares a los que creía próximos. Road movie existencialista con algunos de los grandes dilemas que obsesionan a Bergman presentes en los recuerdos y reflexiones del protagonista: la fragilidad de la existencia, la muerte, lo efímero de los éxitos presentes y pasados. Destaca en su inicio una terrible pesadilla sufrida por Borg en tono surrealista y expresionista, con escenarios deformados, personajes sin rostro, relojes sin manillas y carros fantasmagóricos que cargan con féretros en los que la muerte nos llama. Imágenes dignas del mejor Robert Wiene o sacadas de la mente del mismísimo Salvador Dalí. La historia consigue ser profundamente emotiva sin caer en el sentimentalismo, y eso es gracias al acertado texto del director y a la inconmensurable interpretación de Victor Sjöström, en la última actuación de su carrera, esencia de testamento vital en el propio film en el que se mezcla personaje con actor y persona de forma encomiable. Obra iniciática al universo Bergmaniano en el que las fresas salvajes se usan como símbolo de la primavera de la vida, una época desbordante de pasión, ilusión y un profundo sentimiento de ingenua inmortalidad, tiempos que se rememoran cuando se abren paso los temores e incertidumbres que genera la vejez. Nominada al Óscar al mejor guion original y ganadora del Globo de Oro y el Oso de Oro, Fresas salvajes es sin ninguna duda, una de las mayores odas a la vida y a la tercera edad que se ha realizado en el séptimo arte.

El séptimo sello (1957)

Antonius Block, tras 10 años de lucha en Tierra Santa, regresa a casa con su escudero Jons. Tras cruzar tierras infestadas por la peste, se topa con la propia muerte, a quien reta a una partida de ajedrez para ganar tiempo.

La muerte personificada jugando una partida de ajedrez con un caballero medieval, es una imagen que forma parte de la historia del cine y del imaginario más recurrentes cuando se reflexiona sobra la obra de Ingmar Bergman. El séptimo sello se convierte en un tratado sobre la muerte, las diversas formas de afrontar la vida y la propia religión, o la búsqueda del ser humano para intentar conocer que hay más allá de la existencia. Como es habitual en el director sueco, cada personalidad, cada gesto, cada diálogo, tiene una profunda carga simbólica para representar algo más allá de lo evidente en la propia acción. La búsqueda del caballero enfrentado a la muerte para ganar tiempo en vida, la experiencia y cinismo del escudero de alguien que se ha enfrentado a demasiadas crueldades, el malvado ladrón recreando las más bajezas del ser humano, el engaño y el descaro del director de la compañía de teatro ambulante, la inocencia del herrero, la pureza, inocencia y felicidad de la pareja de actores y su pequeño… una gran variedad de formas de enfrentarse a la vida, y a la muerte, porque en definitiva, el final resulta inevitable, igual que el sufrimiento y el pecado intrínsecos al ser humano. Pero Bergman pone un atisbo de luz frente a tanta desolación y terribles reflexiones, mostrando que, pese a todo, la felicidad y belleza se abren paso en la vida. La cara y la cruz de la existencia. El pesimismo frente a la vitalidad. Ambientar la película en la Edad Media, una época oscura en la que la religión y la peste negra asolaban a la población, no es una mero capricho o una cuestión puramente estética. El tiempo en el que la razón fue castigada por la inquisición, y la claridad en el mensaje por parte de la iglesia de lo que existía en la otra vida, obviando y castigando cualquier tipo de discurso que se escapase de esa línea, propone un enorme contrapunto y permite un subrayado de los temas profundamente existenciales que busca tratar Bergman con su película. El séptimo sello es una obra icónica que obtuvo el premio especial del jurado en el Festival de Cannes y que con el paso de los años, se ha convertido en una de las películas más recordadas y veneradas de la extensa filmografía del director.

El manantial de la doncella (1960)

El rey Töre envia a su hija Karin para hacer una ofrenda al altar de la Virgen. Por el camino, Karin se encuentra a unos pastores, que la invitan a compartir su comida. El encuentro marcará la vida de Karin, de Töre, y los pastores.

Pocas veces se coincide al tratar a una película como obra de referencia clara y suprema de un subgénero determinado. Así como La noche de los muertos vivientes es considerada todo un estandarte del subgénero zombi dentro del cine de terror, con El manantial de la doncella sucede lo mismo respecto al cine que agrupa el término “rape and revenge”. Dicho cine sigue un patrón narrativo claro, en el que un personaje es violado, torturado y/o asesinado, y este personaje u otra persona (la mayoría de las veces, un familiar o un amigo) realiza una encarnizada represalia con los autores que perpetuaron el deleznable acto. La segunda película de Bergman centrada en la época medieval, adapta en tono de cuento de hadas, drama, crimen y horror, una dura leyenda de tradición popular del siglo XIV, en la que se confrontan las tradiciones paganas con las cristianas. El indulgente amor de unos padres protectores, hace que su hija sufra un terrible castigo, desatando posteriormente la violencia más desenfrenada. La obra resulta ser uno de los films más accesibles del director, aunque no por eso deja de contener la mayoría de obsesiones del cineasta sueco: religión, pureza, pecado, muerte, culpa y venganza. El bello entorno natural en el que sucede la acción contrasta con la brutalidad y la crudeza de una historia envuelta en drama psicológico y filosófico, que abraza sin tapujos el thriller más violento. Max von Sydow ofrece una poderosa actuación al interpretar al rey Töre, un hombre de profundos pensamientos religiosos que cae en el abismo de la duda y se deja llevar por el sentimiento irrefrenable de venganza más salvaje. Una obra multireferencial que presenta constantes dualidades a lo largo de su metraje, la pureza de la protagonista frente a la impureza de los pastores, la religión de la familia frente al paganismo de los extraños, la luminosidad de los entornos exteriores frente a la tenebrosidad de los espacios cerrados, el fuego y el agua, contrapuestos, pero ambos elementos purificadores. Película imperecedera que fue justa ganadora del Óscar a la mejor película de habla no inglesa y del Globo de Oro a la mejor película extranjera.

Persona (1966)

Elisabeth es hospitalizada tras perder la voz durante una representación teatral. Alma, la enfermera encargada de cuidarla, se enfrentará al silencio de Elisabeth con un diálogo constante.

El buque insignia de la filmografía de Bergman es también una de las películas más crípticas de las realizadas por el director sueco. Una obra que ha provocado, y sigue provocando, extensas interpretaciones por quienes deciden adentrarse en el mundo de las dos mujeres protagonistas. Tras un arranque de imágenes impactantes que profundizan en los grandes temas que preocupan al ser humano (muerte, sexo, religión, paternidad…), el film se centra en la turbia relación que se establece entre paciente y enfermera. Etiquetada de postmoderna, con fuerte carga de lirismo, largos silencios enfrentados a constantes monólogos y una factura técnica en la predominan los primeros planos, los fundidos y los juegos de iluminación, se presenta una película que se sustenta en las bases del psicoanálisis. Liv Ullmann y Bibi Andersson son las dos actrices que se convierten en las absolutas protagonistas de una historia en las que los traumas del pasado y la identidad propia, se confunden, se diluyen y se entremezclan. El silencio, en el psicoanálisis, es el espacio en el que el paciente puede hablar con absoluta confianza para adentrarse lentamente en sus traumas, en su subconsciente, en lo que queda oculto en la superficie. El giro de roles que plantea el film muestra a una enferma que permanece en silencio, y una enfermera que a través de extensos monólogos consigue mejorar su autoestima y su conexión con la otra persona. La historia también plantea el efecto de transferencia, en el que el psicoanalista, si no establece cierta distancia, puede llegar a alcanzar un excesivo nivel de conexión y empatía con el paciente. En uno de los monólogos de la enfermera, se relata una experiencia sexual de forma tan explícita que resulta chocante incluso en la actualidad, tiempos en los que se busca escandalizar con imágenes consideradas más descaradas y que se enrojecerían por lo narrado en el film de Bergman. Persona tiene tal carga simbólica, y cuenta con una propuesta técnica y formal tan autoral, que se convierte por méritos propios en una de las películas más renombradas del director, y en consecuencia, en todo un clásico de la historia del cine.

La hora del lobo (1968)

Johan y Alma son una pareja que viven en una solitaria isla. Johan es un renombrado pintor, y sus siniestros vecinos, los Von Merken, no desaprovechan cualquier oportunidad que se preste para relacionarse con la pareja.

La hora del lobo está envuelta en un aura de cuento de terror mágico y gótico, y cuenta con algunas de las imágenes más siniestras de la filmografía de Bergman. “Cuando se producen más muertes y nacimientos; si estamos dormidos tendremos pesadillas, si estamos despiertos tendremos miedo”, así se define la hora a la que hace referencia el título de la película. Una hora que sucede transcurrida gran parte de la noche, en la que los demonios interiores aparecen y los sueños más terribles resultan profundamente angustiosos. El film centra su relato en el tormento del artista, dedicado a su obra y a la creación, y como público y crítica pueden hacer mella en su estado anímico y mental, afectando, a su vez, a las personas del entorno más cercano. Max von Sydow encarna a Johan, el sufrido pintor que plasma sus terrores e inseguridades en un diario personal que caerá en manos de Alma, la bella y devota mujer que le apoya, interpretada por la última musa del director, la actriz Liv Ullmann. Alma, petrificada por la perversidad y rareza de los sueños de su marido, quedará absorbida por los mismos oscuros pensamientos que acompañan cada noche a Johan. De nuevo, el espíritu de la trasferencia aparece incontestable en la obra de Bergman. Las inseguridades y miedos del artista, propios de origen, adquiridos por la experiencia, y acentuados por los factores externos, serán claves en el devenir de la pareja, haciendo florecer la fragilidad de ésta, los pensamientos frente a la paternidad y el futuro conjunto de ambos. La hora del lobo deja huella gracias a sus oníricas y efectistas imágenes que recrean escenas de puro terror, en las que la realidad se distorsiona, el tratamiento de la luz y del espacio plasman imágenes verdaderamente espectrales, y el comportamiento y aspecto de los personajes propone situaciones surrealistas que generan incerteza e incomodidad. La historia de horror de Bergman descoloca y puede flaquear en ciertos aspectos, pero funciona a la perfección como pura pesadilla plasmada en celuloide. Una obra que ha influenciado claramente en autores como David Lynch o Lars Von Trier, en los que es inevitable encontrar ecos de su imaginario.

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